Wendy
Relato autobiográfico de Paula Alexander



Siempre me acuerdo de Wendy.Ella era una perra cariñosa, llena de amor.Aún me sigue impresionando su mezcla, un poco de golden retriever, y el resto de labrador.Su pelo largo y boca grande.La nariz rosa cubierta de suciedad, después de haber jugado muchas horas en la tierra.Siempre moviendo la cola, te saludaba alegremente y venía con mucha energía hacia las personas que quería.Después se le fue yendo esa chispa energética, convirtiéndose en una perra tranquila y muy calmada.Con mi familia, siempre nos reímos cuando pensamos en esos días, cuando ella corría, saltaba y jugaba con nosotros.Se excitaba cada vez que le tirábamos su pelota favorita de River, ya bastante destruida, y Wendy saltaba y atrapaba la pelota con su boca.Muchas veces la felicitábamos y ella simplemente nos lamía y se sentaba contenta al lado de nosotros, satisfecha y feliz.
Wendy llegó a casa cuando mi hermana Nicole tenía 3 años.Le regalaron una cachorrita toda negra y peluda. Como a Nicole le encantaba Peter Pan, entonces decidió llamar a su perrita, Wendy.Le quedaba perfecto ese nombre, porque adentro solo era una niña, queriendo divertirse.
A los 12 años, Wendy tuvo la compañía de Leia, una cachorra encontrada en las calles de Miramar, un día antes de volver a casa. Wendy explotó de curiosidad y de celos.Pero, poco a poco, se fue acostumbrando hasta que Leia fue llevada a otro dulce hogar, porque había destruido el jardín, y había crecido enormemente, mordiendo todo lo que estaba a su vista.
Más tarde, a los 14 años, Wendy empezó a quedarse sorda y ciega. Su pelo empezó a encanecer.Ya no jugaba tanto como antes, y a veces se quedaba completamente inmóvil, mirando el piso.Igual, la seguíamos queriendo y amando.
Cuando cumplió 15 años, ya no podía más.Mi mamá y yo estábamos en Bariloche, y nos habíamos enterado de que Wendy tenía una enfermedad que hace que el perro camine chueco, perdiendo su equilibrio.Me acuerdo que querían sacrificarla,pero yo empecé a llorar, los detuve y decidieron darle una oportunidad.
Algunos días después, volvimos a Buenos Aires y la cuidamos con mucho cariño.Se veía mejor, contenta de vernos, y tuvimos un poco de esperanza.A mí me había dado mucha impresión cuando la vi por primera vez porque no podía caminar derecho, se caía bastante, y la lengua le colgaba para afuera. Se Le complicaba tomar agua y comer.No lo aguanté y expresé mis sentimientos a través de mis lágrimas.Sentía mucho dolor, y no había nada que pudiese mejorar el agujero adentro.Lloré todos los días cuando le iba a decir buenos días.
Unas tres semanas después, mi mamá, mi hermano, sus amigos y yo viajamos en auto a Miramar, a la casa de mi abuela, que estaba en Buenos Aires.Mi papá y Nicole se habían quedado a cuidar a Wendy.Algunos días más tarde, mi mamá se fue a buscar a mi abuela.Desafortunadamente, Wendy estaba esperando a su dueña para saludarla y despedirse.Murió esa noche, con 15 años.Murió feliz, tranquila y satisfecha, sin dolor. Gracias a nuestra fuerza y dedicación, vivió un mes más, la pude saludar, y decirle mis últimas palabras.
Ya, hace un año que está enterrada en el fondo de nuestro jardín.Estará en nuestros recuerdos.Nunca nos vamos a olvidar de Wendy,una perra divertida, alegre y querida por todos.