Visita al doctor
Relato autobiográfico de Matías Eisler




Fue un horror entrar a ese lugar. Ya sentía el dolor. Sentía lo que me iban a hacer. Fue uno de los momentos más largos de mi vida. Me hicieron pasar a la sala de operaciones y me acosté en el sillón. Me puse a escuchar música y ya me iba relajando. Venía bien hasta que volteé mi cabeza para encontrarme con una amplia selección de pinzas, tenazas, bisturíes, y más de siete inyecciones listas para ser aplicadas. Fue entonces cuando la doctora habló. No tenía voz tan cruel, además estaba muy tranquila. Inmediatamente después me dio la primera inyección, y la segunda, con la que me pinchó el hueso y sentí una sensación horrible. Luego la tercera, y así sucesivamente hasta acabar con siete de ellas. Me pidió que hiciera un buche, y me hizo esperar unos diez minutos hasta que la anestesia hiciera efecto. Mi boca estaba llena de “bolsas” de anestesia. Era una sensación tan incómoda. Fue después de diez minutos que apareció la asistente por la puerta y comenzó la operación.
Primero me desinfectaron la boca con alcohol. Inmediatamente después me colocaron un tubo para absorber cualquier fluido, por ejemplo, sangre. Seguido del tubo, y sin que yo lo notara, entró un bisturí que me rebanó la encía fácilmente. De esto no me enteré hasta que le pregunté si ya me habían cortado. Intenté distinguir algún gusto, y lo único que sentí fue el gusto salado de la sangre. Luego, introdujo una pinza en mi boca, y me dijo que iba a sentir presión y tirones. Apenas sentí un tirón me dolió horrores. La doctora me preguntó qué pasaba, y le dije que no estaba bien anestesiado. Me inyectó dos dosis más, y mientras hacían efecto procedió a la muela de abajo. Me cortó, empezó a tirar y hacer presión. No salía. Entonces dejó la pinza y atacó con el torno. Me limaron el hueso, hasta que la muela estuvo lo suficientemente libre para ser extraída. Luego me partió la muela en pedazos con una pinza, y sacó pedazo por pedazo la muela. La de abajo ya estaba lista. Entonces me cosieron porque ya habían terminado con esa. Volvieron a la de arriba, y esta vez casi ni sentí que me la hubieran sacado. Me cosieron y punto. Ya había terminado.
Retiraron todos los aparatos de mi boca, y vi salir el tubo, lleno de sangre. Me enjuagaron la boca, y me pusieron una gasa, que tuve que morder con fuerza, y no pude sacarme hasta el día siguiente. Una vez que me paré, miré la mesa con los bisturíes, pinzas y demás instrumentos. Algunos estaban llenos de sangre, y había pedazos de muelas y sangre por todos lados. Igual estaba feliz de que ya me hubieran sacado las cuatro muelas de juicio.