Mi Primer Solo
Relato autobiográfico de Federico Galardi


miprimer_solojpg.jpg Recuerdo esa noche del 17 de octubre del 2009 cuando toqué mi primer solo de flauta en un concierto. Llegamos todos los músicos unas horas antes de que empezara el festival de Coro y Banda. Fuimos al comedor para armar los instrumentos. Nos sacamos unas fotos formales, otras jugando con los instrumentos, entre nosotros, con toda la banda. Afinamos. Matías, nuestro director, nos llamó para que hiciéramos la prueba de sonido. Entramos al escenario del hall de secundaria y nos sentamos en los lugares donde nos sentaríamos más tarde ese día. Tocamos un par de temas del repertorio de la noche.
Mientras la oscuridad comenzaba a reinar en el cielo, la gente llegaba una a una por la puerta principal. La temperatura descendía lentamente. Desde el patio veía a la gente pasar y mis nervios de tocar un solo aparecían poco a poco. A pesar de que había practicado cientos de veces esa parte, podía aparecer un error. De todos modos la gente no se daría cuenta si me equivocaba, pero igual quería que saliera tal cual estaba escrito en la partitura.
Agarré mi flauta traversa y comencé a practicar el solo. Las primeras notas de la banda de los más grandes sonaron de repente. Mis nervios crecían. Pasó el tiempo y nos llamaron para entrar. En el momento en que subí al escenario y vi, a media oscuridad, todas las personas que habían venido, estallé de nervios. En ese momento mi estómago estaba lleno de mariposas dando vueltas a toda velocidad.
Mientras Matías hablaba, yo miraba a toda la gente, buscando una cara conocida. Torné a mi flauta. Esa flauta plateada y más vieja que yo me había acompañado durante cuatro años. Pensé, ¿cuántos años más durará esta flauta?
Comenzamos a tocar el primer tema y el segundo. Mis dedos se movían nota tras nota, siguiendo un ritmo divertido y melódico. “Si se me rompe la flauta ahora me muero”, me dije a mí mismo. El tercer tema tenía tres solos, uno de ellos era el mío. A mitad del tema me tenía que parar. Lo hice con decisión venciendo mis nervios. Luli, mi compañera de flauta, me dijo justo antes de pararme “Suerte, Fede”. Apoyé los dedos en las llaves para tocar un MÍ. Respiré hondo. Apoyé la flauta debajo de mis labios. Y cuando Matías me indicó, comencé a tocar. Movía mis dedos con decisión. Y en menos de un minuto terminé mi solo. Los aplausos estallaron en menos de un segundo. Mis nervios desaparecieron mágicamente. Y una sonrisa de haber tocado excelentemente mi solo apareció en mi rostro.