La Gran Sorpresa
Relato autobiográfico de Rocio Pepe





Estábamos todas sentadas en ronda, éramos once chicas gritando, riendo, hablando. Teníamos que organizar la fiesta, de quince de nuestra mejor amiga. Sofía Galperin cumplía quince años a fines de diciembre, teníamos dos meses para planear la fiesta. La fiesta estaba en nuestras manos. Organizarla no iba a ser una tarea fácil, pero ya teníamos en mente lo que queríamos, aunque llevarla a cabo iba a ser un camino difícil, de duro esfuerzo y dedicación, por parte de todas. Fue todo un desafío.
Nos propusimos ir tres veces por semana a ensayar una coreografía de “reggaetón”, con una maestra de baile, muy profesional y simpática. Fue duro y costó memorizar los diversos y complicados pasos de este ritmo tan movido y tropical. Pero finalmente con mucho afán y entusiasmo pudimos lograrlo. Nos manteníamos en contacto vía internet. En un mail conjunto, todas podíamos opinar sobre nuestras ideas y propuestas para que esta fiesta fuera la mejor. A pesar de las peleas, discusiones y los diferentes puntos de vista, las once chicas teníamos muy en claro cuál era nuestro objetivo. Nuestra amiga tenía que pasarlo increíble y disfrutar la noche como la mejor de su vida, ya que eso era lo que se merecía.
Entre idas y venidas, corridas de aquí para allá, risas y mucha emoción, todos los preparativos para la fiesta estaban armados. La decoración, la comida, el salón, los invitados, la música y la coreografía. Finalmente nuestras ideas se habían llevado a cabo, el gran día había llegado.
Como lo planeado, guiamos a Sofi, secretamente, a la peluquería, ya que supuestamente íbamos a hacer una sesión de fotos. Pero luego la desviamos cautelosamente al escenario de la gran fiesta. En ese preciso instante se produjo la sorpresa más esperada por todos. Su expresión de felicidad y asombro se apoderó de todo su bellísimo rostro. En sus almendrados ojos, invadía un brillo de alegría y emoción. Exitosamente, nuestro objetivo se había cumplido.
De a poco, el lugar se fue llenando de gente, gritos, risas. Todos felices, bailando al ritmo de la música. La alegría y la diversión abundaban en la pista de baile y en todas las esquinas del salón. La decoración era bellísima, flores y colores en cada rincón, las bolas de boliche reflejaban sus espejos y alumbraban el lugar.
Definitivamente, nuestro objetivo había sido superado. Sofía se divirtió al máximo. Yo, personalmente, me sentí muy orgullosa de lo que habíamos logrado las once amigas. Este evento profundizó nuestra amistad y nos unió, formando un lazo irrompible entre nosotras.