Aspen

Relato Autobiográfico de Bautista Soto Acebal (14)



Estaba ahí sentado cuando de repente escuché por el altavoz: “Aquí les habla el piloto, para informarles que faltan diez minutos para llegar al destino, en Silverthorne. La temperatura es de menos diez grados Celsius.” “Ding, dong”.
Apagué el diminuto televisor de diez pulgadas, agarré mi libro y me puse a leer las diferentes aventuras de Van Helsing, Jhon Harker tratando de evitar la tragedia de Londres y la muerte de Mina Harker. Después de terminar el capítulo lo cerré y el piloto del avión avisó que íbamos a aterrizar.
Cuando salimos, mi madre llamó a un micro, luego de que el chofer terminó de subir las valijas de mis dos hermanas, salimos de allí. Veinte minutos después llegamos al lugar de alquiler de autos. Cuando emprendimos el viaje a Aspen, dije: “¿Ma,… cuanto vamos a tardar?”, y ella me contestó cansada: “Cuatro horas, así que dormí!”. Cerré mis ojos y me puse a imaginar la nieve, las montanas y el hotel, recordando las imágenes de la página del hotel. Me sentía ya en el sillón de cuero con la chimenea prendida, una taza caliente en la mano, cuando de repente sentí que algo me estaba tocando la mejilla. Era el dedo de mi hermana menor, Josefina, que estaba a no más de diez centímetros de mi cara. Quería jugar a las cartas conmigo, entonces por el resto del viaje jugué a las cartas. Al principio con mi hermanita y luego se unieron mi hermana mayor y mi mamá.
Apenas llegamos al hotel, desempacamos, alquilamos los esquíes y salimos a esquiar toda la tarde. Cuando llegué a casa, pasé toda la noche del 28 de diciembre, pensando en dos cosas: por un lado, en dos días seria año nuevo y por el otro, ¿qué elegíría: seguir practicando con los esquíes tradicionales o empezar de cero con el snowboard?. Al día siguiente decidí hacer snowboard. Cambié los esquíes y fui a la escuela donde un profesor me esperaba con otros cuatro chicos, dos brasileños, una chica y un chico mejicanos y el profesor argentino. Todos nos divertimos mucho y como diría mi amigo mejicano: “la pasamos bomba”.
Al cabo de cinco días, ya tenía un nivel intermedio y podía salir tranquilamente con mi familia hasta por las pistas más avanzadas, pero casi me choco contra una enorme roca.
Ahora pienso que valió mucho la pena cambiar de estilo de esquí, porque no sólo me encantó, sino que también hice muchos amigos. La pasé tan bien que ahora tengo en mi perfil de Facebook una foto mía en la montaña.